Reflexionando sobre el camino

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Aunque la andadura de este blog comenzó solo hace unos meses, las experiencias han sido muchas, y tras algunas participaciones en talleres y conferencias sobre las emprendedoras junto con la proximidad del fin de este año, parece inevitable el dedicarle unas líneas a la reflexión y el análisis de lo andado hasta el momento.

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En otros artículos he hablado de la lana, de su valor o de los productos que de ella nacen. Pero también hay todo un proceso de investigación, de formación y de experimentación que va quedando al margen. También hay una convivencia continua con la familia, con las necesidades de mi hijo o con alimentar al alma para que siga con energía para no desfallecer aunque los frutos aún no maduren y falte tiempo o espacio para dar rienda suelta a tanta inspiración.

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Las mujeres que decidimos emprender tenemos muchas cosas entre manos, porque no solo queremos dar forma a un proyecto sino que debemos armar cada uno de sus lados con mimo, ya que no solemos disponer de la economía que se precisa para que las cosas vayan más rápido y tampoco del tiempo, cuando la actividad es gratuita. Yo voy trabajando desde casa, pero aún conozco algunas emprendedoras que tienen que estar al frente de su tienda mañana y tarde y pensar en mejoras, en pedidos, en campañas de marketing y en consolidar lo logrado, además de las atenciones compartidas de una familia y una casa.

En esos talleres de emprendedoras descubres que son muchas, cada vez más, las mujeres que ponen en acción toda su capacidad de organización y de materialización de un sueño propio, y muchas (en realidad todas las que yo me he encontrado) con unas ideas novedosas y llenas de ingenio y mucha pasión.

Estamos trazando nuevos caminos para crear redes, para ayudarnos, apoyarnos y crecer juntas. Y en ese camino de enredarnos para componer nuevas sinfonías siempre florece una cuestión: la de poner en valor nuestro trabajo, y cuando digo valor me refiero a economía. Es este un tema que está sufriendo una revisión de fondo y son muchos los blogs que nos encontramos, en donde se hace todo un recorrido para saber cómo ponerle precio a tu trabajo.

La cuestión de fondo del dinero es que es una idea abstracta que cambia según el contexto. No nos cuesta gastarnos 10 € en un par de vinos y una tapa, pero sí en comprar unas manzanas si cuestan un euro más por ser ecológicas. No dudamos en invertir en un cuadro 200 € pero una escultura hecha por un artesano nos parece cara si sube de 40 €. Tengo pendiente aprender y leer sobre este tema, ya que entre todos debemos cambiar la concepción del valor de las cosas para que nos ilusione perpetuar nuestra creatividad ya que aunque disfrutemos con lo que hacemos no por eso hemos de regalar nuestro tiempo. Si no acabará como algo auxiliar para cuando estemos ociosas y por tanto se perderá irremediablemente entre la avalancha de acciones que debemos llevar a cabo cada día.

No soy la primera mujer que reflexiona o se justifica en su esfuerzo por poner en valor su trabajo. ¿Es esto una cuestión de género? Ahí lo dejo para retomarlo en próximos artículos.

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